Estas fechas han sido un tanto raras para mí, debido a que he vuelto a mis orígenes musicales mediante una participación como acordeonista en la Estudiantina de la Preparatoria No. 3 y algunos amigos/alumnos de acordeón me han invitado a participar con su grupo (una estudiantina). Así que se diría que estoy siendo seducido por el lado oscuro.
Conviviendo un poco con ellos percibí que en la estudiantina se viven algunas situaciones similares a las nuestras, sobre todo en el concurso. La polémica son dos puntos:
1. ¿Qué tan determinante es el desenvolvimiento escénico?
2. ¿Cuántas voces son necesarias y cuánto ya es excesivo?
El primer punto es demasiado subjetivo, considero yo que el sonreír, el moverse (si la pieza lo requiere) refleja un dominio de la pieza, que la pieza está diciendo algo al intérprete y el intérprete está expresando tales emociones corporalmente. Aunque, conviviendo con artistas de teatro, me comentan que no se explican cómo los músicos pueden moverse tan poquito o casi nada en el escenario. Yo en lo personal creo que los músicos no lo necesitamos para llegar a expresarnos, pues la música no es dependiente del movimiento corporal, pero ayuda mucho en cuestiones de expresión musical. Mi sugerencia es tener un justo medio, es decir, ni hacer un show coreográfico circense ni tampoco quedarse estático sin dar un mínimo de muestra expresiva.
También un punto a tener en cuenta es el ritmo y el género/estilo en que interpretarás la canción. Una canción melancólica o dramática, no creo conveniente que se le ponga baile o se tenga que sonreír.
Lo segundo, ¿cuántas voces?
Si pudiéramos traer a un músico arreglista o compositor europeo de la Edad Media dedicado a la música sacra y escuchara o viera esta pregunta simplemente no la concebiría, ya que en esa época un músico que se respetara mínimo tenía que componer a cinco o seis voces polifónicas, es decir, no armónicas (tomando en cuenta que en esa época no se usaban los acordes de séptima, novena, etc.), sin modulaciones (toda la pieza en la misma tonalidad). Les dejo una muestra tanto del video como de la partitura de un motete a 40 voces de Thomas Tallis.
Estoy consciente de que los tiempos cambian y que este tipo de obras están hechas tanto para un público distinto como para un fin ajeno al popular. Pero si lo comparamos con lo nuestro, tres voces o cuatro es nada.
Ahora entiendo a los maestros que me decían que hay preguntas que no tienen respuesta, y este es el caso, ya que en ambos puntos dudo que se llegue a un acuerdo de cuántas voces son necesarias o cuánto es debido expresar escénicamente, porque de hacerlo, simplemente se perdería la originalidad al restringir tanto el uso de voces como el desenvolvimiento escénico. Esta polémica es buena, ya que de volvernos tan cuadrados y específicos, tanto la gente en el medio que no sepa de términos musicales como el público melómano, no podrían emitir un juicio y los concursos se volverían monótonos al haber un solo estilo, tal vez una sola voz.
Para llegar a un acuerdo de este tipo, tal vez se tendría que concursar con la misma canción, mismo número de integrantes, de la misma edad, tocando en el mismo tono, con los mismos arreglos… en fin, sería algo más que aburrido. En la realidad, recordemos que el concurso es apreciativo porque la música es arte y aunque es una competencia, no se trata de ver quién canta más alto, más rápido o más fuerte.
Creo que esta polémica no sólo podría aplicarse en el concurso, también en un evento o convivencia, donde la mayoría del público tenga como referencia a la Rondalla de Saltillo y cuando van a escuchar rondallas esperan que el grupo salga con capas, tocando Mitad tú, mitad yo, con laudes y tricordios. Considero excesivo tanto meter muchas voces como hacer mucho alarde de desenvolvimiento escénico. Un buen grupo debe de ser equilibrado en varios aspectos y eso es muy difícil.
